Pregón de la Semana Santa de Gijón 2008

Gijón › Xixón › Gijón › Asturias

Acceso directo

Cómo llegar

Palabras clave

Pregón de la Semana Santa de Gijón 2008 | Etnografía | El concejo | Varios | Gijón | Xixón | Gijón | Comarca de Gijón | Centro de Asturias | Costa de Asturias | Asturias | Principado de Asturias | España | Europa.

Descripción

Autor: Julio González Fernández-Puente («Julio Puente»), periodista.

Lugar: Iglesia Mayor de San Pedro Apóstol (Gijón).

Fecha: 15 de marzo de 2008

«Ni siquiera el cristianismo se sustrae de la escisión de nuestro tiempo. Si el horizonte se encuentra dominado por la separación entre espíritu y materia, por lo que el espiritualismo extremo, análogo a un nuevo gnosticismo, corre continuamente el riesgo de invertirse en un materialismo llano, tampoco la vida cristiana escapa al «destino» común.

»En el proceso de secularización que caracteriza la época moderna el aspecto religioso no desaparece, pero es aislado igualmente como lo específicamente religioso; se experimenta y se cultiva por medio de sensaciones, comportamientos y acciones religiosas específicas». De ello deriva que «la religión se vuelve cada vez más interior, cada vez más carente de contenido mundano, y por tanto monótona y cada vez más insignificante; cada vez menos capaz de entrar en contacto con el contenido concreto del ser y plasmarlo». De este modo se hace imposible la comprensión religiosa del tiempo y de sus ritmos, del espacio y de sus lugares, de las cosas concretas y de las acciones, y se determina una interioridad apoyada solamente sobre la palabra. «De ello nace una religiosidad sin mundo, sin cosas, aparentemente «pura», pero en realidad muy discutible».

Romano Guardini, uno de los grandes teólogos del pasado siglo, autor de la imprescindible obra El Señor, profundamente admirada por nuestro actual Pontífice Benedicto XVI, no pensaba en la Semana Santa de Gijón cuando escribía las frases anteriores, tomadas de un análisis realizado por el también teólogo Mario Borghessi, pero bien puedo hacerlo, y es obligado traerlas aquí porque estamos ante la más clara comprensión religiosa del tiempo y de sus ritmos, del espacio y de sus lugares. «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».

«Simón: Antes de que cante el gallo me negarás por tres veces».

Hoy, Jesús de Nazaret, en estas venerables piedras dedicadas a tu primer Apóstol, a la vera de la mar oceana, nadie querrá negarte ni una, ni dos, ni tres veces. Hoy venimos a dar fe de nuestra fe, de nuestra religiosidad en un mundo plagado de materialismo.

Reverendo Párroco de la iglesia mayor;

Señor Director del Secretariado Diocesano de Apostolado Seglar;

Querido Presidente de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades Penitenciales;

Queridos Hermanos Mayores de las tres Cofradías Penitenciales de la Santa Misericordia, Santa Vera Cruz, y Santo Sepulcro de Gijón;

Queridos miembros de las mismas;

Señoras y Señores:

Mi gratitud a la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Gijón por invitarme a pronunciar este pregón es grande y sólo puede ser comparada a mi respeto por suceder en tal honor a personalidades tan ilustres como las que han tenido a bien aceptar invitaciones similares en años anteriores en los que, gracias al esfuerzo de sacerdotes, cofrades y fieles, la Semana Santa gijonesa ha ganado en religiosidad, esplendor y presencia pública. Gracias por la invitación y gracias por haber dotado a la Semana Santa Gijonesa de una sobriedad ejemplar en la que la ciudad y sus gentes pasan del dolor de la Pasión de Cristo a la alegría de su Resurrección.

Nuestro obispo auxiliar, Monseñor Raúl Berzosa, pregonero de la Semana Santa de Gijón, se sentía el pasado año confundido en el encargo que ustedes le habían trasladado. «¿Acaso necesita la Semana Santa ser pregonada, no habla por sí sola?», se preguntaba. Si un obispo se siente confundido, cómo habrá de estar un simple trabajador de la actualidad, un obrero de la profesión que se limita a escribir el borrador de la historia. La Semana Santa tuvo cuatro cronistas, cuatro periodistas que recogieron la noticia del prendimiento, de la traición, de la negación de Pedro. Construyeron con una sensatez magistral el relato de lo que ocurrió en el Gólgota. Y aquel sacrificio transformó el mundo, cambió el sentido de la presencia del hombre en la tierra.

Ahora nos preparamos para la ceremonia de lo común, de lo colectivo. Ha llegado la hora. La ceremonia de la Semana Santa, incluso este año en que se celebra más temprano que otros, coincide con la vida que nace en los campos. Mana la vida. De las nubes mana el agua, y acaricia el tibio sol la hierba. Todo es un abrazo suave que despierta lluvias, amores, apetitos, regeneración, conciertos y futuros. En nuestra cultura la Semana Santa celebra el renacimiento de cada uno de nosotros, pero también, a través de las ceremonias que se celebran, el renacimiento de lo que somos como pueblo, de lo que tenemos en común, de nuestra expresión colectiva. Ésta es la tinta en la que nos apretamos un poco el espíritu para hacer sitio a los que tenemos al lado, para compartir y encontrarnos con el silencio, en el ruido, en el dolor y en el júbilo.

La ceremonia colectiva de la ciudad de Gijón se inicia en la primera parroquia de la ciudad, en ésta de San Pedro, pila bautismal de Jovellanos, cuna del cristianismo local. Tal día como hoy, hace sesenta y tres años, en 1945, Joaquín Alonso Bonet, maestro del periodismo gijonés, pregonaba la Semana Santa y describía este templo de San Pedro que renacía de sus cenizas con versos tan bellos que es obligado rememorar:

Es como un leitmotiv inextinguible,

derramado en el ámbito del pueblo;

el retañer, en suma, prolongado

de las cuatro campanas de San Pedro

que en nosotros está, desde aquel día

que doblaron a muerte y a silencio.

Cuatro campanas claras. Una de ellas

volaba siempre sobre el mar inmenso

«Jesús, José, María, la «Purísima»,

«La Asunción de la Virgen» y, en el centro,

madre de todas, la campana grave,

definidora de la voz del templo.

Pues bien, amigos, bajo su rebato,

o, si se quiere, bajo su silencio,

veo resucitar, en estas horas,

a la caricia limpia del recuerdo,

nuestra iglesia mayor, calafateada,

como una proa frente al mar abierto.

La Semana Santa gijonesa sale hacia la tierra desde esta proa frente al mar abierto hecha a golpes de nuestra fe, de la fe de gentes de toda la ciudad. Porque hace ya dos milenios vivió un hombre que sólo saboreó la vida durante treinta y tres años: era hijo de un humilde carpintero, nació en un pequeño pueblo y vivió en otro hasta que cumplió los treinta. Nadie supo nada de él durante este tiempo. Predicó entonces durante tres años. Nunca tuvo una familia, ni un hogar, ni vivió en una gran ciudad. Nunca viajó más allá de doscientos kilómetros de su lugar de nacimiento. Jamás escribió un libro, ni abrió una oficina, ni fundó una compañía. La opinión pública viró contra él y sus amigos le dieron la espalda. Él perdonó a sus enemigos y fue crucificado entre dos ladrones.

Al morir, sus ejecutores se sortearon lo que era su única propiedad, su túnica, poco antes de ser enterrado en una tumba.

Han pasado veinte siglos, dos mil años, y ese hombres es hoy la figura central para gran parte de la humanidad. Todos los ejércitos que han desfilado, todas las armadas que han navegado, todos los reyes que han reinado, juntos, no han tenido la misma influencia sobre la vida de los seres humanos que tuvo ese hombre que protagonizó una vida solitaria.

Huele a Semana Santa en España, huele a Semana Santa en Gijón. Se respira la Semana Santa de Gijón y se nota que la historia se mezcla con el presente, en este pueblo grande, que ha sido camino y punto de llegada, casi siempre encrucijada; y estos días consigue juntar cielo y tierra; honrar a su herencia; pasear enhiestas, entre el fervor y el respeto, las figuras que venera. Y rezar. Huele a Semana Santa en Gijón. El laurel y la palmera ya sueñan el Domingo de Ramos. Ya está tensado el tambor. Ya salen del descanso de un año, la túnica y la capa, el cíngulo y el capuchón, el fajín y el tercerol. Ya palpitan las calles esperando el temblor de una vela, el murmullo de una oración, la solemnidad de una procesión.

«Passio Domini Nostri Iesu Christi secumdum Ioannem». Así comenzaba el relator el canto de la Pasión según San Juan en el Viernes Santo en los primeros años sesenta del siglo pasado en la Basílica de Covadonga, cuando tres profesores del Seminario Menor cantaban en latín el relato de la Pasión que ahora el mundo cristiano se prepara para celebrar. Cuando uno se dispone a pronunciar un Pregón de Semana Santa es lógico que pretenda documentarse. No queda más remedio que confesar que se hallan detalles sorprendentes. Ha habido pregoneros en ciudades cuyo nombre no viene al caso que han abroncado a las cofradías por no haberles invitado antes a pronunciar la apertura de la Semana Santa. Hay cofrades que se quejan porque el pregonero del año es un señor obispo, y ellos quieren versos y frases rimbombantes, y no sermones; hay pregones de dos horas de duración y hay cofradías que abren encuestas en sus páginas de internet para conocer la opinión popular sobre el mejor o peor pregón de los últimos años. No es, afortunadamente, nuestro caso porque aquí estamos, en el templo más antiguo de la ciudad, pegado a una mar que tanto le ha dado, y le ha quitado, a una ciudad que tiene una Semana Santa cargada de una historia de siglos que en años anteriores se ha relatado con maestría y profusión de datos.

Gijón, una ciudad que, como tantas otras, ha recuperado la celebración pública de la Semana Santa y que cada año ofrece nuevas pruebas de una religiosidad que no se ha ido. La trayectoria profesional de quien les habla lo llevó años atrás a ciudades tan distintas como Vigo o Las Palmas de Gran Canaria. En ambas también estaba latente la satisfacción popular por la recuperación popular de los ritos de la Pasión. Bonet vuelve a ser cita obligada cuando compara la Semana Santa gijonesa con la de otras tierras. Escribe:

El latido del mar sigue sonando,

como si fuera otra plegaria.

Cada ciudad, como las criaturas,

crea y forja su estampa,

y en estas horas de Pasión, la nuestra

se define a sí misma y se retrata

en el acento interminable

de ese grito del que la acompaña.

Castilla es seca y luminosa;

Andalucía, musical y clara.

Allí parece que Jesús se muere

bajo un sol que le abrasa;

pero aquí le ofrecemos

un sudario de nubes desflecadas

y una oración inacabable

sobre las ondas de la mar salada.

 

Y más adelante escribe en un pregón que ya está en la historia de nuestra ciudad:

Todo Gijón es templo:

cada piedra, un lugar en que postrarse

cada balcón, un tenebrario,

una enseña de duelo cada mástil.

«El sudario de nieblas desflecadas» va desde la procesión del Domingo de Ramos a la procesión del Encuentro de Resurrección, con las celebraciones eucarísticas en este templo y las procesiones de Miércoles, Jueves, Viernes y Sábado Santo. Porque el dolor de la Pasión da paso al triunfo de la Resurrección de Cristo. El Encuentro de la Resurrección con la salida del paso desde la iglesia de San José, cuyas dos torres ilustran la bella portada del programa de este año. Jesús Nazareno, la Dolorosa, la Verónica, San Juan, San Pedro sufren en los días del dolor, pero el triunfo de la vida sobre la muerte da sentido a nuestra fe.

Eres, Señor de Pasión, la última esperanza de quienes han llenado su vida de sueños fugitivos. Están ahí, a la vuelta de la esquina, viven en esos sitios en los que la realidad está en guerra con los pájaros. Para ellos Dios es poco más que una mano con dedos nudosos. Son, Señor, esos hijos tuyos desechables y miserables a los que ojos egoístas recriminan la existencia desde cualquier ventana. Son paridos día a día a la intemperie, fantasmas de países desangrados que jamás son invitados a la gran fiesta de la humanidad. No van a verte. Suele ser gente de pocas cosas y mal explicadas. Hay tipos a los que comulgar les da acidez. A otros les duelen los dientes al rezar. Pero son hijos también de tu Pasión, de esa palabra tuya que habla de amor. Pero, ¿qué mayor amor hoy que la justicia? ¿Dónde está la justicia que esperan los que mueren por llegar al norte, los ahogados de cansancio, los que no tienen ni padre, ni madre, ni patria, ni casa, ni silla para sentarse, los que no tienen familia, los que no tienen ni tumba?

La esperanza de quienes sufren las más atroces injusticias, como las sufridas por Cristo camino de la Cruz y en la propia Cruz, está en la resurrección, en la llegada al Domingo de Pascua, que el gran cronista gijonés recoge en este verso:

Arriba en las torres, retumba la Gloria,

la cruz de Pelayo, que dice Victoria,

convoca milicias que marchen en pos,

y están pregonando la paz y el consuelo

¡campanas alegres que vuelan al Cielo,

y anuncian cantando la Gloria de Dios!

El final glorioso de una Semana Santa gijonesa, local, y, a la vez, universal, que nos reúne cada año en un permanente acto de fe masivo y popular; íntimo y callejero. La fe que sale a las calles con más historia de una ciudad milenaria capaz de superarse a sí misma en la crisis y en los momentos de decaimiento, que los ha habido y los habrá. Allí donde la Iglesia está verdaderamente presente, no sólo colectividad, sino comunidad; no sólo movimiento religioso, sino vida eclesial; no un romanticismo espiritual, sino realidad ontológica eclesial, allí se hace posible el encuentro. Que esto pueda suceder depende, en gran medida, de la asunción de la realidad de Cristo en toda su integridad, contra las modas del momento y más allá de ellas.

Quiero rendir homenaje a quienes dirigen las cofradías y a los cofrades que cuidan a lo largo del año imágenes y pasos. Dedican tiempo y esfuerzo a la Semana Santa, sin otro interés que su propia convicción. Sin otra recompensa que su conciencia. Y esperan la llegada del Domingo de Ramos con la emoción de las grandes ocasiones. Homenaje al cofrade que ha hecho de la cofradía una parte de su existencia y a ella sacrifica tiempo y dinero. Homenaje al nazareno que no busca notoriedad ni brillantez, sino que tapa su rostro en supremo acto de humildad. Y a todos ustedes que asisten a las procesiones, rezan y hacen posible la pervivencia de la tradición.

Como peregrino vengo y no como pregonero para postrarme ante los pasos penitenciales de Jesús Nazareno, la Virgen Dolorosa, San Juan Evangelista, la Verónica, el Santo Cristo de la Misericordia y de los Mártires, la Piedad al pie de la Cruz, Santo Sepulcro, Nuestra Señora de la Soledad, la Resurrección, la Virgen de la Alegría y San Pedro Apóstol.

Cada uno de nosotros, dispuestos a las celebraciones los días más cristianos del año, haríamos bien en volver al realismo cristiano de Romano Guardini con el que se abría este pregón: «No es un ideal, sino una presencia lo que distingue la existencia cristiana. Por eso no es posible separar el pensamiento cristiano de Dios, la verdad cristiana, del Cristo concreto. La doctrina cristiana es cristiana en tanto que aferrada, por así decir, por los labios de Jesucristo; en tanto que se entiende como viviendo de Él, de su ser y actuar. No existe una esencia del cristianismo escindible de Jesucristo y que pueda ser expresada en un sistema conceptual autónomo. La esencia del cristianismo es Él... La categoría última del cristianismo es el hecho particular e irrepetible de la personalidad concreta de Jesús de Nazaret».

«Passio Domini Nostri Iesu Christi...» Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según Gijón. Pasión y Gloria de Jesús que ustedes, cofrades y fieles cristianos, van a vivir y la van a llevar al corazón de la ciudad que quiere creer. Cuando el laurel y la palma tiemblan en sus ramas para el gran homenaje, cuando Pedro está, como cualquiera de nosotros, disponiéndose, sin saberlo, a la primera negación; cuando está en el molino el pan para la Última Cena; cuando, sin que nadie lo sepa, se trama la forma de prender al Rey de los Judíos, es hora de proclamar: es Semana Santa en Gijón.

Muchas gracias.

Concejo de Gijón

Prehistórico y romano, revolucionario, urbano, minero, metalúrgico, vanguardista, marinero, cosmopolita, festivo y hospitalario. Así es el concejo de Gijón.

Los concejos (municipios) que limitan con el Concejo de Gijón son: Carreño, Corvera de Asturias, Llanera, Sariego, Siero y Villaviciosa. Cada uno de estos concejos (municipios) comparte fronteras geográficas con Gijón, lo que implica que comparten límites territoriales y pueden tener interacciones políticas, sociales y económicas entre ellos.

Comarca de Gijón

Prehistórico y romano, revolucionario, urbano, minero, metalúrgico, vanguardista, marinero, cosmopolita y festivo, culto y hospitalario, y también rural. Así es el concejo de Gijón.

La comarca está conformada por uno o varios concejos (municipios). En este caso: Gijón. Los concejos representan las divisiones administrativas dentro de la comarca y son responsables de la gestión de los asuntos locales en cada municipio.

Conocer Asturias

«La conservación de la cueva de Tito Bustillo es un aspecto fundamental para preservar este patrimonio cultural. Con el fin de proteger las pinturas y garantizar su supervivencia para las generaciones futuras, se han implementado estrictas medidas de control y acceso. Los visitantes pueden acceder a la cueva a través de visitas guiadas, donde se les proporciona información detallada sobre el contexto histórico y arqueológico de las pinturas.»

Resumen

Clasificación: Etnografía

Clase: El concejo

Tipo: Varios

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Gijón

Parroquia: Xixón

Entidad: Gijón

Zona: Centro de Asturias

Situación: Costa de Asturias

Comarca: Comarca de Gijón

Dirección: Gijon

Código postal: 33201

Web del municipio: Gijón

E-mail: Oficina de turismo

E-mail: Ayuntamiento de Gijón

Dirección

Dirección postal: 33201 › Gijon • Gijón › Xixón › Gijón › Asturias.
Dirección digital: Pulsa aquí



Dónde comer Dónde dormir Etnografía Eventos Patrimonio cultural Patrimonio natural Info práctica Turismo activo Reseñas Favoritos Buscar Altas